Hay gente que piensa que escribo en este blog o hago cortos movido por algún tipo de pasión. No estaría mal, la verdad, porque teñiría de cierto romanticismo todo lo hecho y eso animaría al lector o espectador a disculpar mis torpezas.
Nada más lejos. Lo que primero tira por mí es la necesidad. El impulso de mostrarme como soy, con la esperanza de que alguien se apiade y diga: Macou es así, un rarito, pero tampoco es tan mal tipo a fin de cuentas. Porque ser oveja negra está bien (no estoy renegando de ello), pero de vez en cuando uno necesita ser simplemente oveja. No sé si me explico.
La última noche, hablando con
Crunia en la playa, me dio por pensar que será de esas historias ya escritas que jamás verán la
luz. ¡He invertido tanto tiempo dejando en ellas
pistas sobre quién es uno! Y total para nada, porque acabarán en la papelera o con un
formateado rápido.
Imagino todo lo que no haré, lo que no llegaré a ser, y siento vértigo. Cantaba Silvio Rodríguez: " (...) Para pretender, el mundo es largo. Para conformarse, se ha inventado el jamás."
Estas últimas noches, qué coño, disipo "la necesidad" hundiendo mis patas negras en la arena y viendo cómo otros llegan a dónde yo no alcanzaré. Tú me entiendes.