Y lo cierto es que en eso hay que decir que el bueno de Quentin tiene razón. Hay animales socialmente bien (y mal) vistos dependiendo de la cultura a la que pertenezcas. Porque, con sinceridad: ¿a alguno de vosotros le gustaría ser un cerdo, cucaracha o babosa?; pero, ay, qué buenas son las hormiguitas que trabajan de sol a sol, y que bonitas se ven cuando marchan en fila de a uno, sorteando obstáculos, portando diez veces su propio peso. ¡Qué monada y que bien se lo montan!
Sea como sea, admitamos que el proyecto de diseño que os quería recomendar con esta entrada, no tendría posiblmente el mismo tirón si llega a llamarse el cerdo amarillo, la cucaracha roja, o la babosa multicolor.

Hace un año la gente de La hormiga azul empezó a creer en sus inquietudes y a publicar pequeños trabajos reunidos en un fanzine. Quizás se vieron identificados con las hormigas porque juntos sacan más partido de sí mismos como individuos; o porque esconden en lo más profundo, donde normalmente no llega el ojo humano, un universo asombroso e interesante (¡quién sabe!).
Dejo un link permanente por si queréis colaborar con ellos o, simplemente, visitarlos de vez en cuando para comprobar que la comunidad sigue viva allá en el hormiguero. Ellos, cada tres meses, compartirán su arte con todos nosotros sin prejuzgarnos por el hecho de ser cerdos, ratas, ardillas, cucarachas o babosas.
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* Se admiten invitaciones.

















