La noche nos ha dormido
desafiando al tiempo, a los cánticos y brindis,
a un aire teñido de ascuas.
¡Por este instante!
Chin, chin.
Cierto, hemos buscado
la embriaguez necesaria para devolvernos
y hundir en nuestras gargantas,
situaciones ya vividas.
Y quizás otra copa.
Y si hemos disfrutado
fugaces efluvios de felicidad sea porque dos cuerpos
que no dejan de aproximarse,
sucede que al final se tocan.
Chin, chin.

No hay comentarios:
Publicar un comentario